Un mensaje

por naikodemus

4rc4ng3l tomó tierra con habilidad entrenada. Con un gesto rápido y ya tan natural que no era apenas consciente de él, replegó e hizo desaparecer las alas. Examinó los alrededores, localizó la tienda de campaña y caminó hasta ella. Sin esfuerzo, apartó la pesada tela que cubría la entrada. Pasó. Dentro, la oscuridad, débilmente mantenida a raya por unas lámparas de aceite, desapareció al instante. Un fuerte blanco neutro la reemplazó. Se hizo el silencio.

Contempló a los hombres allí presentes. Habían dejado de discutir al entrar él. Estaban agitados. Los examinó uno por uno, mirando a todos directamente a los ojos. Y uno a uno, rompieron el contacto visual. La mirada les hacía sentir que cada uno de sus recuerdos, pensamientos y deseos quedaban expuestos ante el extraño. Esos hombres curtidos, valientes y recios sintieron temor. Menos uno, que sostuvo la mirada mucho más que los otros. Era el más alto. Fue quien indicó a los demás que abandonaran la tienda. Aliviados, así lo hicieron.

El recién llegado habló sin mover los labios, con una voz que sólo oían ellos dos.

– Traigo un mensaje muy claro. No combatiréis. Huiréis. Sí. Es su voluntad. Deja de mirar el mapa. Podréis cruzar. Dame tu cayado.

A ver, tenía el código por aquí. Copiapega. Cambiamos esta variable, añadimos esta otra, asignamos permisos. No queremos que el invento lo use cualquiera, ¿verdad? Esto ya está. ¿Cómo podemos hacer que pinte algo espectacular? Que lo levante y agite, y que haya nubarrones de esos de tormenta con rayos. Genial. Ahora lo incrustamos en el bastón este y ya está. Chúpate esta D3v1l1sh.

El cayado fue devuelto a su dueño.

– Mañana al alba daréis la espalda a vuestros enemigos y marcharéis hacia el mar. Al llegar al borde, alzarás el bastón por encima de tu cabeza fuertemente asido con las dos manos. Como yo acabo de hacer. Invocarás el poder recién imbuído. No habrás de titubear o no funcionará.

Sin ningún gesto o palabra más, 4rc4ng3l se desvaneció con un intenso destello. La lámparas titilaron y la penumbra regresó.  Decidido, Moisés salió de la tienda y comenzó a repartir instrucciones. Había que darse prisa.

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