Naikodemus

opiniones, reflexiones, apuntes

Etiqueta: ciudadanía

comunismo

Nuestra única preocupación es el comunismo. No hay nada previo al comunismo. Los que creyeron lo contrario, a fuerza de perseguir la finalidad, zozobraron con cuerpos y bienes en la acumulación de medios. El comunismo no es otra manera de distribuir las riquezas, de organizar la producción o de administrar la sociedad. El comunismo es una disposición ética: una disposición de dejarse afectar, en contacto con otros seres, por lo que nos es común. Una diposición a compartir lo común. El otro estado de Musil se le parece mucho más que la URSS de Jruschov.

Tiqqun, en «Teoría del Bloom».

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la escuela I

La escuela no es de ningún modo, por cierto, la única institución moderna cuya finalidad primaria es moldear la visión de la realidad en el hombre. El currículum escondido de la vida familiar, de la conscripción militar, del llamado profesionalismo o de los medios informativos desempeña un importante papel en la manipulación institucional de la visión del mundo que tiene el hombre, de su lenguaje y de sus demandas. Pero la escuela esclaviza más profunda y sistemáticamente, puesto que sólo a ella se le acredita la función principal de formar el juicio crítico y, paradójicamente, trata de hacerlo haciendo que el aprender sobre sí mismo, sobre los demás y sobre la naturaleza dependa de un proceso preempacado. La escuela nos alcanza de manera tan íntima que ninguno puede esperar liberarse de ella mediante algo externo.
Ivan Illich.
La Sociedad Desescolarizada.

reforma de la justicia

  1. No hay criminales
  2. El acto más común, se hace crimen
  3. Porque la ley lo dice, así que
  4. Todos somos criminales

Y así, damas y caballeros, niños y niñas, perros y ruiseñores, es como ser hace una ley para cargarse los Derechos Fundamentales.

populismo penal – tolerancia cero

Son estos tres mensajes —la mutación de sentido de la función del derecho penal, la mutación de sentido del concepto de seguridad, y la alarma social y la dramatización del miedo— los que constituyen el significado de la palabra de orden «tolerancia cero», expresión absurda que expresa una utopía reaccionaria dado que la deseada eliminación total de los delitos es imposible sin una involución totalitaria del sistema político. Ya que la «tolerancia cero», esto es, el cese total del crimen, tal vez sólo podría alcanzarse en una sociedad totalmente controlada, de tipo policial, que debería suprimir preventivamente la libertad de todo poniendo un policía detrás de cada ciudadano y con los tanques por las calles.

Luigi Ferrajoli, La democracia en nueve lecciones, pág. 103.
Edición de Michelangelo Bovero y Valentina Pazé.
Editorial Trotta, 2014.

traición

El castigo tras cada manifestación forma parte del proceso de normalización. Es lo que se espera, se cumple la expectativa. Desaparece la excepcionalidad. Mientras se venda cada pequeño roce, que en realidad anula la escalada, como una guerra, se le hace el juego al poder.

Hoy, la dialéctica de guerra, nos hace controlables. Normalizables. En breve, el desencanto y el olvido. Operamos y hablamos según las reglas. Reglas no-universales. Son sus-reglas-para-nosotros. Y esas son las que hay que romper. ¿Dónde está esa ruptura? No hay escalada en este enfrentamiento. Y tiene que haberla, y tenemos que controlarla. Sin ella, no hay cambio posible. ¿Podemos provocarla? ¿Podemos soportarla? ¿Podemos orientarla? Ante ellos, como ellos. A su espalda, como nosotros. Lo estaremos haciendo bien cuando nos llamen traidores porque les hayamos traicionado.

disentir para avanzar

En cualquier comunidad, la disensión –y los disidentes– evitan el estancamiento de ésta. Las palabras peyorativas como mandar y gobernar se refieren realmente a silenciar a los disidentes, no al ejercicio de la democracia; irónicamente, es la «voluntad general» consensual lo que podría muy bien, en la frase memorable de Rosseau de El contrato social, «obligar a los hombres a ser libres».

Murray BookchinAnarquismo social o anarquismo personal, pág. 42.
Virus editorial, 2012.

espíritu público

[…] El «amor a la igualdad» no es capaz de proporcionar al espíritu público un alimento del que pueda vivir la democracia. La democracia no puede salvarse, como el creyente según algunas religiones, sólo por la fe; lo que importa, sobre todo, son las obras. El espíritu público debe ser activo, incluso militante: el ciudadano debe estar siempre en la brecha, con la mirada fija en los asuntos públicos, dispuesto a dar, desinteresadamente, su tiempo y sus esfuerzos. Pero este espíritu público falta en todas las democracias que conocemos, que parecen esencialmente incapaces de manifestarlo de un modo continuo, ya se trate de sociedades democráticas de raza anglosajona o de raza latina. El espíritu público sólo se revela con intermitencia y espasmódicamente, con accesos de civismo bruscos y a menudo violentos, parecidos a erupciones volcánicas que en un principio vomitan fuego y llamas, pero que tras de sí no dejan más que lava y fango fríos.

Moisei Ostrogorski.  La democracia y los partidos políticos,  pág. 36.
Editorial Trotta, 2008.

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