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Etiqueta: democracia

comunismo

Nuestra única preocupación es el comunismo. No hay nada previo al comunismo. Los que creyeron lo contrario, a fuerza de perseguir la finalidad, zozobraron con cuerpos y bienes en la acumulación de medios. El comunismo no es otra manera de distribuir las riquezas, de organizar la producción o de administrar la sociedad. El comunismo es una disposición ética: una disposición de dejarse afectar, en contacto con otros seres, por lo que nos es común. Una diposición a compartir lo común. El otro estado de Musil se le parece mucho más que la URSS de Jruschov.

Tiqqun, en «Teoría del Bloom».

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disentir para avanzar

En cualquier comunidad, la disensión –y los disidentes– evitan el estancamiento de ésta. Las palabras peyorativas como mandar y gobernar se refieren realmente a silenciar a los disidentes, no al ejercicio de la democracia; irónicamente, es la «voluntad general» consensual lo que podría muy bien, en la frase memorable de Rosseau de El contrato social, «obligar a los hombres a ser libres».

Murray BookchinAnarquismo social o anarquismo personal, pág. 42.
Virus editorial, 2012.

espíritu público

[…] El «amor a la igualdad» no es capaz de proporcionar al espíritu público un alimento del que pueda vivir la democracia. La democracia no puede salvarse, como el creyente según algunas religiones, sólo por la fe; lo que importa, sobre todo, son las obras. El espíritu público debe ser activo, incluso militante: el ciudadano debe estar siempre en la brecha, con la mirada fija en los asuntos públicos, dispuesto a dar, desinteresadamente, su tiempo y sus esfuerzos. Pero este espíritu público falta en todas las democracias que conocemos, que parecen esencialmente incapaces de manifestarlo de un modo continuo, ya se trate de sociedades democráticas de raza anglosajona o de raza latina. El espíritu público sólo se revela con intermitencia y espasmódicamente, con accesos de civismo bruscos y a menudo violentos, parecidos a erupciones volcánicas que en un principio vomitan fuego y llamas, pero que tras de sí no dejan más que lava y fango fríos.

Moisei Ostrogorski.  La democracia y los partidos políticos,  pág. 36.
Editorial Trotta, 2008.

elevar el nivel

[…] una instrucción más extendida entre las masas, una mayor capacidad de ejercer su juicio, son menos relevantes en la vida política por el uso directo que hagan de ello —salvo para una elección más sensata de sus mandatarios, obviamente— que para intimidar mejor a los que gobiernan en nombre del pueblo y especulan sobre su falta de perspicacia. Esos gobernantes se comportarían de otra manera si tuvieran delante a electores más instruidos, que los intimidarían más. Por ello es doblemente importante en una democracia aumentar el nivel intelectual y moral de las masas, que elevará automáticamente el nivel moral de quienes se creen superiores a las masas.

Moisei Ostrogorski.  La democracia y los partidos políticos,  pág. 42.
Editorial Trotta, 2008.

ciudadanos ad hoc

[…] la democracia, no habría de ser ahora una preferencia ni un partido; al contrario, como argumentó Ostrogorski, la existencia de los partidos es anterior a la democracia, y su naturaleza es predemocrática: el desarrollo de la democracia debería traer consigo la desaparición de los partidos políticos permanentes y fomentar agrupaciones de ciudadanos «ad hoc», cuyo ánimo fuera cooperativo en lugar de competitivo. La idea misma de un poder constituyente, a diferencia de la práctica del gobierno, contiene en sí el germen de la destrucción de los partidos.

Antonio Lastra, presentación en La democracia y los partidos políticos, de Moisei Ostrogorski , pág. 14.
Editorial Trotta, 2008.

minoría inteligente

La nuestra debe ser una democracia del liderazgo administrada por una minoría inteligente que sepa cómo disciplinar y guiar a las masas.

Edward Bernays. Propaganda.
Editorial Melusina. 2ª edición, 2010, pág. 141.

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