Naikodemus

opiniones, reflexiones, apuntes

Etiqueta: sociedad

propuesta de sistema de gobierno

  1. A quien tome las decisiones se le implanta una bomba con fecha de explosión a 4 años tras ser elegido.
  2. Cada año se valida a quien gobierna. Si no pasa la moción, se detona la bomba.
  3. Se puede detonar antes, claro.
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traición

El castigo tras cada manifestación forma parte del proceso de normalización. Es lo que se espera, se cumple la expectativa. Desaparece la excepcionalidad. Mientras se venda cada pequeño roce, que en realidad anula la escalada, como una guerra, se le hace el juego al poder.

Hoy, la dialéctica de guerra, nos hace controlables. Normalizables. En breve, el desencanto y el olvido. Operamos y hablamos según las reglas. Reglas no-universales. Son sus-reglas-para-nosotros. Y esas son las que hay que romper. ¿Dónde está esa ruptura? No hay escalada en este enfrentamiento. Y tiene que haberla, y tenemos que controlarla. Sin ella, no hay cambio posible. ¿Podemos provocarla? ¿Podemos soportarla? ¿Podemos orientarla? Ante ellos, como ellos. A su espalda, como nosotros. Lo estaremos haciendo bien cuando nos llamen traidores porque les hayamos traicionado.

disentir para avanzar

En cualquier comunidad, la disensión –y los disidentes– evitan el estancamiento de ésta. Las palabras peyorativas como mandar y gobernar se refieren realmente a silenciar a los disidentes, no al ejercicio de la democracia; irónicamente, es la «voluntad general» consensual lo que podría muy bien, en la frase memorable de Rosseau de El contrato social, «obligar a los hombres a ser libres».

Murray BookchinAnarquismo social o anarquismo personal, pág. 42.
Virus editorial, 2012.

productos de la sociedad

Incluso el individuo más miserable de nuestra actual sociedad no podría existir y desarrollarse sin los esfuerzos sociales acumulados de incontables generaciones. En consecuencia, los individuos, su libertad y su razón, son productos de la sociedad, y no viceversa: la sociedad no es más que el producto de los individuos que la forman; y cuanto más y más plenamente desarrollado está el individuo, mayor es su libertad, y más es un producto de la sociedad, más recibe de ella y mayor es su deuda con ella.

BakuninEscritos de Filosofía Política de Bakunin.
Alianza Editorial, 1978.

conciencia y discordia

[…] se deduce que la conciencia y la discordia con nuestro propio yo están inseparablemente unidas, incluso que deben ser proporcionales entre sí. Parece una paradoja, pero los pueblos más sabios de todos los tiempos han dejado testimonio de su confirmación. Los hombres y mujeres que brillaron por un inhabitual acceso al conocimiento de este mundo, y que por su vida y palabra han formado y transformado esa obra de arte que llamamos humanidad, declaran en sus escritos (o por su misma vida) haber sufrido las punzadas de la discordia interior. Sea esto un consuelo para aquel que también la sufre. Sin ella, nada perdurable ha sido jamás engendrado.

E. SchrödingerMente y materia, pág. 24.
Tusquets Ediciones, 2007.

totalitarismo y altruismo

El factor inquietante en el éxito del totalitarismo es más bien el verdadero altruismo de sus seguidores: puede ser comprensible que un nazi o un bolchevique no se sientan flaquear en sus convicciones por los delitos contra las personas que no pertenecen al movimiento o que incluso sean hostiles a éste; pero el hecho sorprendente es que no es probable que ni uno ni otro se conmuevan cuando el monstruo comienza a devorar a sus propios hijos y ni siquiera si ellos mismos se convierten en víctimas de la persecución, si son acusados y condenados, si son expulsados del partido o enviados a un campo de concentración. Al contrario, para sorpresa de todo el mundo civilizado, pueden incluso mostrarse dispuestos a colaborar con sus propios acusadores y a solicitar para ellos mismos la pena de muerte con tal que no se vea afectado su estatus como miembros del movimiento. Sería ingenuo considerar como simple expresión del idealismo ferviente esta tozudez de convicciones que supera todas las experiencias conocidas y que cancela todo inmediato interés propio. El idealismo, loco o heroico, siempre procede de una decisión y de una convicción individuales y está sujeto a la experiencia y los argumentos. El fanatismo de los movimientos totalitarios, al contrario de todas las formas de idealismo, se rompe en el momento en el que el movimiento deja a sus fanáticos seguidores en la estacada, matando en ellos cualquier convicción que quedara de que pudieran haber sobrevivido al colapso del mismo movimiento. Pero dentro del marco organizador del movimiento, mientras se mantenga unido, los miembros fanatizados no pueden ser influidos por ninguna experiencia ni por ningún argumento; la identificación con el movimiento y el conformismo total parecen haber destruido la misma capacidad para la experiencia, aunque ésta resulte tan extremada como la tortura o el temor a la muerte.

Hannah Arendt. Los orígenes del totalitarismo.
Alianza editorial, 2011. Pág. 435.

sin partidos políticos

La invención decisiva de los panmovimientos no fue el que proclamaran hallarse al margen y por encima del sistema de partidos, sino el que se denominaran ellos mismos «movimientos», aludiendo con ese mismo nombre a la profunda desconfianza hacia los partidos, ya difundida por Europa a comienzos de siglo y que, finalmente, se tornó tan decisiva que en los días de la República de Weimar, por ejemplo, «cada nuevo grupo creía que no podría hallar mejor legitimación ni mejor atractivo ante las masas que una clara insistencia en no ser un “partido”, sino un “movimiento”».

Hannah Arendt. Los orígenes del totalitarismo.
Alianza editorial, 2011. Pág. 365.

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